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Amarte fue la razon - Jenny Del.epubAmarte fue la razon - Jenny Del.epub
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Amarte Fue La Razon - Jenny Del.epub Review

Hacía exactamente diez años que Julián se había marchado, dejando tras de sí un vacío que el tiempo, obstinado en su curso, no había logrado llenar. No fue una despedida con gritos ni reproches; fue el silencio de una decisión inevitable el que fracturó sus mundos. Él tenía un destino trazado por el deber y la distancia; ella, un arraigo ciego a la tierra que la vio nacer y a las promesas que no podía romper.

—Porque intenté buscar una vida donde tú fueras solo un capítulo pasado, pero me di cuenta de que eras todo el libro —confesó él, con los ojos empañados—. Huir de ti fue el mayor error de mi vida, y volver a buscarte es la única verdad que me queda. Si amarte fue la razón para marcharme y no destruirte con mis dudas, hoy amarte es la única razón que tengo para quedarme.

Elena no necesitó más respuestas. El cuaderno de cuero seguía abierto sobre la mesa, pero las viejas cartas ya no eran necesarias. Rompiendo la distancia que los había separado durante diez años, se refugió en sus brazos. El frío de la tormenta se disipó al instante, reemplazado por la certeza de que, a veces, el amor necesita perderse en el tiempo para descubrir que su verdadero destino siempre fue volver a casa. Amarte fue la razon - Jenny Del.epub

De repente, el timbre de la puerta principal rasgó el silencio de la casa. Elena se sobresaltó, derramando unas gotas de café sobre la mesa. Eran pasadas las diez de la noche y no esperaba a nadie. Con el corazón latiendo desbocado por una corazonada absurda que se esforzó en reprimir, cruzó el pasillo y apoyó la mano en el pomo de madera fría.

Elena dio un paso atrás, permitiéndole entrar. La lluvia goteaba de su abrigo sobre el suelo de madera, pero a ninguno le importó. Él dejó la caja sobre la mesa y se acercó lentamente, temiendo que ella fuera solo un espejismo fruto de la tormenta. Hacía exactamente diez años que Julián se había

—¿Por qué ahora? —preguntó Elena en un susurro, sintiendo que las barreras que tanto le costó construir empezaban a desmoronarse.

Elena cerró los ojos. Al hacerlo, casi pudo oler el perfume a madera y lluvia que siempre lo acompañaba. Recordó la última tarde en el muelle, cuando el sol se teñía de violeta y las olas parecían susurrar secretos que ellos no querían escuchar. Él le había tomado las manos, transmitiéndole un calor que todavía parecía quemar su piel en las noches más frías. —Porque intenté buscar una vida donde tú fueras

Y ella había vivido. Había continuado con su carrera, había sonreído a nuevos amaneceres y había aprendido a caminar sin buscar su mano al cruzar la calle. Pero vivir no significaba haber dejado de amar. Aquel sentimiento se había transformado; ya no era una hoguera ardiente que lo consumía todo, sino una brasa constante y cálida en el fondo de su alma.